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Relaciones
De Parejas
Para comenzar a profundizar en el tema me gustaría te
cuestionaras: ¿Por qué estás o quieres estar en pareja? ¿Qué
experiencia estás buscando o quisieras crear? ¿Qué no estás
obteniendo de esto? Y, ¿cómo te sientes al respecto? vamos a
explorar cómo nos relacionamos cuando de parejas se trata y
limpiaremos lo que está obstruyendo el camino.
Cuando hablamos de relaciones y más aún en relaciones de pareja
hablamos de compartir. Pero muchos de nosotros no
estamos abiertos a compartirnos. Hemos juzgado tantas partes
nuestras como “malas” o “inapropiadas” que realmente no
queremos que otros se nos acerquen al punto tal en el que puedan
ver, sentir, presenciar esas partes nuestras. Por tanto sostenemos
“relaciones” en las que no nos relacionamos con plenitud. Porque
no nos aceptamos con plenitud. Y no nos aceptamos plenamente porque
no nos conocemos plenamente. Mucha gente está asustada de ver
adentro, y sin embargo es maravilloso lo que hay dentro de nosotros.
Pero como se nos ha enseñado lo que está bien y mal, lo que deberíamos
o no, en vez de enseñarnos a conocernos y amarnos, lo que hemos
hecho es juzgarnos y separarnos de nuestra propia naturaleza, de
nuestra propia verdad. Por tanto cuando te acercas a alguien,
siempre hay algo tuyo que se está reteniendo. Y el otro también se
retiene. También se juzga. Y como nos juzgamos a nosotros,
comenzamos a juzgar a otros. Y cuando el otro nos refleja algo de
aquello que juzgamos en nosotros mismos, entonces resentimos, nos
separamos.
Qué tal si cuando te muestras en totalidad, en completitud, el
otro puede identificarse con su propia totalidad y plenitud, y desde
allí es donde surge el amor. Si alguna vez amaste a alguien, sabrás
que no necesariamente era perfecto. Pero lo amabas en completitud,
con aceptación. El corazón humano se identifica con esa
naturalidad. Así que ¿qué tal si sueltas lo que sea que estés
reteniendo, y te vuelves más natural?
Chequea:
¿Qué estás reteniendo?
Tal vez sea tu amor, tu sensibilidad, tu debilidad, tu
inseguridad, tu ternura…
¿Cómo puedes compartirte más completamente?
Tal vez simplemente aceptándote, o aprendiendo a compartir
aquellas cosas que ocultas, o corriendo el riesgo de decir que hay
cosas de ti que juzgas.
¿Cómo puedes perdonarte?
Tómate unos momentos para sanar contigo el proceso. Si has
retenido/ ocultado algo eso trae el mensaje de rechazo hacia ti. Por
tanto completa eso contigo, perdónate por no haber podido hacerlo
mejor, reconócete, cuídate.
Así que la pregunta es: ¿Estás dispuesto a amar? Y comprender
que para eso necesitas preguntarte: ¿Estás dispuesto a amar(te)?
Aceptación. El primer paso en ese sentido es
aceptar quién eres. Acepta tu realidad aquí y ahora. No existe el
tiempo futuro y ya dejamos de vivir el pasado. Así que si quieres
algo, constrúyelo en este mismo instante. Acéptate con tus
limitaciones, con tus errores, con tus juicios, con tu belleza, con
tu capacidad, con tu inteligencia, con tu libertad, con tu
sensibilidad. Acepta. Y acepta las situaciones. Lo que sea que estés
viviendo, lo que sea que se esté presentando.
Generalmente juzgamos cómo debieran ser las cosas y nos
recriminamos no ser perfectos. Pero en realidad puedes tomar cada
situación como un aprendizaje. Cada situación que se presente
externa a ti puede transformarse en un éxito si te propones
aprender de ella. Después de todo, no sabemos si aquello que hoy
nos parece una tragedia no puede convertirse en una gran bendición.
Así como debemos a todos nuestros defectos el regalo de nuestra
madurez, de nuestra fortaleza, en definitiva, de quiénes somos hoy
día. Generalmente el dolor asociado con esos procesos no proviene
del proceso en sí, sino del juicio que imponemos, de la no aceptación.
Cuando resistimos una situación externa generamos dolor. No es la
situación la que lo provoca, sino nosotros mismos al elegir nuestra
actitud. Asimismo cuando resistes algo de ti mismo, creas dolor. En
realidad eso que te parece “malo” es solo una expresión de ti.
Y como tal, si no te agrada, puedes cambiarla. Tal vez sea necesario
que reaprendas algunos comportamientos, o que abandones ciertas
verdades que has defendido, en pos de abrirte a un nuevo panorama y
crecer. El hecho de que dicho proceso sea una aventura o un infierno
depende de tu elección. Depende de cuántos juicios, apegos y
resistencia elijas adoptar en ese camino. Acéptate. Es la forma más
simple de superar las dificultades.
Ámate en completitud, aún con aquellas cosas
que te fastidian. Y también acepta al otro como es, no crees fantasía
sobre lo que es, acepta su propio ser, hónralo, sea como sea, respétale
profundamente. Y descubre qué regalos tiene para ti. Solo cuando
dejas ir el juicio realmente puedes conectarte con otro. Sólo
cuando dejas el juicio puedes ver los regalos. Sólo ahí puedes
comunicarte. Entonces, no esperes que cambie, ámalo como es. Y si
así como es, decides compartir la vida con él o ella, entonces elígelo.
“Elige lo que tienes o cambia lo que eliges”. Si lo has elegido
haz que funcione. Si no, ¿para qué elegirlo?
Por lo general tendemos a generar una imagen ideal, y la
utilizamos para comparar a los otros, incluida nuestra pareja, con
ese ideal. Obviamente será tu pareja la que pierda en la comparación.
Todo ser real tiene sus fuertes y debilidades, sus virtudes y
defectos, en cambio tu ser idílico carece de problemas. El único
problema que presenta es que no existe. Y aún cuando puedas
encontrar partes de ese ser idílico repartidas por varias personas,
difícilmente encuentres alguien que las cumpla realmente todas.
Amar significa ser incondicional, sin condiciones.
Probablemente amas a la esencia de la otra persona. Por tanto
necesitas llegar a la comprensión de que esa
persona, en su propio proceso de aprendizaje, se encuentra luchando
por manifestar esa esencia, pero gran parte del tiempo se la pasa
debatiendo con sus dudas y limitaciones, con sus miedos, sus
comportamientos y creencias. Y todo eso, no tiene nada que ver con
su esencia, al contrario, estos son los elementos que ocultan su
esencia o la hacen comportarse de una manera no alineada con su
propio ser. Cuando encuentres en el otro, comportamientos que te
desagradan, intenta ver al ser que está debatiendo con sus dudas,
al ser que se siente inseguro, carente y que en consecuencia no
puede hacer nada mejor que comportarse de esa manera. Busca la
comprensión reflejándote tú mismo en comportamientos
similares. Y permite que esa comprensión se transforme en compasión
y a su vez en perdón. Busca resaltar la esencia de la persona,
volver a traerla presente a ese lugar. Busca enfocarla en quien es,
en vez de confrontarla. Y también brinda los espacios, muchos
necesitamos confrontarnos a nosotros mismos antes de encontrar el
equilibrio.
Dejando mi Yo. Todos tenemos razones.
Concepciones. Deberías. Y son muchas veces estos los que
interrumpen las relaciones. Porque cada uno vive dentro de su cubo,
su paradigma. Y desde allí es casi imposible relacionarse. Solo se
relacionan las periferias. No hay una verdadera conexión. Muchos
fingimos. Otros tenemos construida nuestra fortaleza protectora. O
hemos amurallado la zona que conocemos para asegurarnos no correr el
riesgo de salirnos de ella. Por lo general somos temerosos frente a
la incertidumbre, y por ende, nos aferramos a nuestra visión de la
vida, nuestros parámetros y verdades y confrontamos todo lo que
desafíe esa Verdad, porque en ese caso, está desafiando nuestra
seguridad, la estabilidad de nuestro ser.
El gran costo que presenta este comportamiento, es el conflicto.
Ya que difícilmente alguien haya construido una fortaleza de igual
manera que nosotros, es altamente probable que nuestras
“verdades” se contradigan, choquen y generen distancias y
discusiones. Ahora, ¿no sería interesante observar que tal vez en
una discusión, ambos podemos tener la razón? Cada ser humano es un
punto de vista, y desde la perspectiva asumida, es un punto de vista
correcto. Hace sentido para quien se encuentra en esa posición, y
puede lógicamente justificar a la perfección la adherencia a
dichas creencias. Pero de igual manera, puede validar su posición
la parte contraria. Y ser plenamente lógica en su desarrollo para
sostener la posición opuesta. Es que desde su perspectiva, también
es correcto su planteo. Por tanto si ambos persisten en sus
posiciones, no habrá acuerdo posible.
Sin embargo, lo que subyace a las posiciones les es común:
tienen una relación. Y en pos de esa relación, tal vez sea más
efectivo abrirse a explorar la posición del otro.
No desde una lucha de poderes en la que uno gana y tiene la razón y
el otro pierde y se siente minimizado. Sino en el entendido de que
ambos tienen una parcialidad de la verdad, y que conocer más acerca
de la posición del otro le permitirá conocer más de la Verdad,
tener una perspectiva más amplia, una visión más global.
Defender lo nuestro porque es nuestro y por miedo a reconocer que
no lo sabemos todo, permanecer en la lucha de poder, en la que busco
imponerme y cuando me muestro débil pierdo, y cuando someto gano,
no suele ser un modelo muy efectivo de relacionamiento amoroso. Al
contrario, lo que probablemente funcione mejor sea poco a poco
construir o reconstruir un ámbito de confianza,
contención y amor. Un ámbito donde cada uno se sienta libre de
mostrarse y compartirse libre del riesgo de ser juzgado. Un ámbito
en el que podamos experimentar, perder y ganar sin necesidades de
imponernos, ceder o sentirnos menos, un ámbito donde la comprensión
plena brinde el espacio para que nos conozcamos más cada uno
a sí mismo y al otro, un lugar donde dejar caer las máscaras y
vernos desnudos de verdad. Allí, en ese marco, no hay peleas ni
discusión. No hay luchas de poder ni imposición. Hay encuentro.
Prueba este ejercicio:
Dar y Recibir. Anota las cualidades que más te
gustaría ver manifestar a tu pareja o cómo desearías que fuera tu
pareja. Ahora escribe al lado de cada cualidad una forma en la que
pudieras tú mismo manifestarlas. Cuando quieras recibir algo, dalo.
Si quieres atraer algo, conviértete tú en eso. Trátate a ti mismo
como quieres que te traten.
También es importante que te plantees: ¿Cómo puedes mantener
vivo el amor? ¿La pasión? ¿Cómo poner tu creatividad a tu
servicio para continuar explorándose mutuamente y hacer de la vida
en conjunto un placer? ¿Qué desafíos pueden aparecer? ¿Cuál será
tu plan de acción al respecto? ¿Qué cosas son importantes para ti
y debieran tener un privilegiado lugar para mantenerte alienado? ¿Cómo
puedes darte un lugar para eso? En este sentido, la vida en pareja
es un constante desafío, y por eso mismo, se convierte en algo tan
interesante.
Es esencial que durante todo el proceso junto a tu pareja, te
mantengas conciente de tus necesidades. En muchas
ocasiones, cada miembro de la pareja tiene necesidades diferentes. Y
eso no es malo, es natural. El problema surge cuando no logramos
aceptar nuestras dispares necesidades y creamos separación donde
solamente existe una diferencia. Y probablemente eso provenga de
nuestro propio egocentrismo, un egocentrismo mal entendido, en el
que esperamos que los demás actúen como nosotros, sientan como
nosotros, se expresen como nosotros y necesiten lo mismo que
nosotros. Y por lo general eso no sucede. A veces uno de los
miembros de la pareja se encuentra alegre y el otro deprimido. Y
entonces sobreviene la lucha de poderes acerca de quién somete a
quién en su estado anímico. Pero qué tal si en vez de luchar
pudieses solamente acompañar. Qué tal si en vez de intentar
cambiar, muestras profundo respeto por el proceso del otro. En
realidad nunca sabemos a ciencia cierta qué es lo mejor para
alguien. Juzgar los procesos rara vez logra que los mismos se
superen. Acompañar, amar y comprender crean un resultado diferente.
Y en verdad puedes disfrutar de acompañar al otro en su estado sin
necesidad de abandonar el tuyo.
Es para esto también necesario que marques la pauta de que tú
también necesitas respeto acerca de tu estado. Que sólo requieres
compañía. Desde la mutua compañía es más fácil apoyar. Y
acompañar es también a veces permitir la intimidad, permitir la
soledad. Las discusiones generalmente sobrevienen porque nos tomamos
personalmente el estado del otro. “Está mal porque se enfadó
conmigo” o “Debería estar feliz con todo lo que he hecho por él/ella”.
Pero también generalmente las personas viven sus procesos por sus
propias cargas internas, mayoría de las cuales no se relacionan
directamente contigo. Son sus percepciones, sus complicaciones, sus
procesos. Tomártelo personal solo acarrea discusión. Respeta su
proceso y mantente en compañía para cuando el otro necesite de tu
apoyo.
Y también mantente atento a tus necesidades. Y respétalas. Eso
enseñará a tu pareja a también respetarte. Muchas veces
maleducamos a los demás tratándonos de formas que nos lastiman.
Ceder demasiado, no expresar lo que queremos o sentimos,
desvalorizarnos o dejarnos de lado, en pos de “apoyar al otro”
son conductas que transmiten falta de respeto y cuidado hacia ti.
Por tanto mantente presente con tus necesidades, no para imponerlas
egoístamente, sino para también brindarles un espacio y, en caso
de ser contradictorias con las de tu pareja, negociarlas.
Ahora, ¿cómo negociar? Una base fundamental de la negociación
en pareja se relaciona directamente con el sentido de ser de la
misma: el amor. Mucho es lo que hablamos de amor, pero sin embargo
no es tanto lo que realmente lo practicamos. Algo que se ha ido
malentendiendo en las relaciones amorosas es que quien ama no exige,
quien ama no busca imponerse, quien ama no busca poder. Y justamente
es esto último, las luchas de poder, las que causan grandes
problemas y distancias e impiden la sana negociación.
En cambio, elige ir por los intereses que los unen. Y elige ser
feliz en vez de ostentar el poder de tener la razón. ¿Qué intereses
en común tienes con tu pareja en aquellas áreas en las
que tienen dificultades o enfrentamientos? Puede que ambos estén
buscando lo mejor para la familia pero a través de diferentes métodos,
o que ambos busquen el acercamiento entre ustedes pero lo conciban
de distintas maneras. Centrarte en los intereses en común te
permitirá encontrar caminos que resulten efectivos para ambas
partes y que te retribuyan el resultado que has estado buscando.
Nuevamente, para esto, necesitas estar desapegado, soltar el hecho
de querer hacerlo a tu manera, por ir al encuentro de un modo que
sea afín a ambos.
Finalmente, disfruta de la experiencia de vivir en
pareja. El compartir, el amor, el crecer, son cosas esenciales en
nuestra vida. Y si tienes la oportunidad de vivirlas ve por ellas y
disfrútalas. A menudo nos quejamos mucho acerca de aquellas cosas
que son una bendición en nuestras vidas. En vez de incurrir en
ello, agradece. Agradece cada cosa que se te ocurra
en tanto a tu pareja y a estar en pareja. Agradece las oportunidades
de crecer, de tolerar, de compartir, de amar. Agradece lo que han
vivido juntos, lo que aún les queda por crear. Y enfócate en cómo
puedes cada día aportar a esta sociedad, para enriquecerte y
enriquecer a tu pareja. En definitiva, como en todas las cosas de la
vida, amar es la clave
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