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Vivir
sano y fuerte por largos años
¿Quién no querría vivir muchos años lleno de salud, paz,
vigor y prosperidad?
En las presentes circunstancias de la humanidad, viviendo sobre
este planeta llamado tierra, y habitando un cuerpo maravilloso pero
frágil, el desgaste del mismo y el consecuente deterioro de nuestra
salud y fortaleza son una inexorable realidad en el tiempo.
A propósito, fue noticia estos días el fallecimiento de la
mujer más longeva del mundo. Una viejecita de 115 años. Nació en
1893 en Estados Unidos. Vivió dos guerras mundiales, crisis económicas,
incluyendo la llamada Gran Depresión de 1929, pasando por la guerra
fría, el ataque a las Torres Gemelas y la nueva gran crisis recién
publicitada. Ninguno de estos eventos y ni siquiera su viudez
temprana en los años treinta pudieron evitar su vida llena de días.
¿Qué se requiere para vivir muchos años con una buena vida, y
al final una buena vejez?
Conozco tres ancianos a los cuales considero ejemplos
aleccionadores. Uno es pastor evangélico retirado. Habitó en el
centro de México hasta casi sus 60 años de edad. Se mudó a
Mexicali hace 20 años. Todos los días camina para ir a la tienda,
al mercado, al médico, a realizar visitas o simplemente a tomar
aire por las calles o parques. Está fuerte y lúcido. Otro también
es pastor evangélico retirado con una cirugía que lo mantuvo hace
pocos años quieto por un par de meses –solo un par de meses-.
Desde muy joven llegó para establecerse en la tierra cachanilla.
Laboró en el campo, viajó a ganarse el pan a las planicies agrícolas
del vecino Estados Unidos y clausuró sus días de empleado
permaneciendo 20 años cortando metal con antorcha de acetileno para
una empresa local. Actualmente es dueño de un pequeño negocio de
abarrotes. Personalmente conduce su vehículo hasta los almacenes
donde se abastece de mercancías. Come carnitas, frijoles refritos,
pozole y menudo sin restricción. El tercero y con más edad es un
veterano de la segunda guerra mundial. Llegó a Europa 48 horas
después del día D como parte de una división mecanizada. Su labor
principal fue operar la ametralladora de un tanque blindado. El
tanque y sus tripulantes estaban blindados; él no. Debía, mientras
disparaba, mantenerse firme con la cabeza y el torso expuestos a las
balas y granadas del enemigo. Estuvo 18 meses combatiendo a los
alemanes y colaborando en la reconstrucción de ese viejo mundo.
Sobrevivió a las mortales armas, al clima, al hambre, la sed, el
miedo, las decisiones difíciles, la adversidad. En estos días
continúa prestando sus servicios a un distrito escolar de una
importante ciudad de Arizona. ¿Qué tienen en común estos tres
hombres?
Aparte de que los tres tienen su fe depositada en Jesucristo y
esperan por eso la resurrección y vida eterna, he descubierto lo
siguiente:
- Se van a dormir temprano.
Las nueve de la noche ya no es tiempo de visitarlos o llamarlos.
Están en cama apenas pasadas las ocho.
- Se levantan con el sol.
- Son activos físicamente.
- No se preocupan.
- Se ríen con facilidad.
Viven económicamente al día. No han amontonado riqueza.
Dependen en buena medida de sus cheques mensuales de pensión. Sus
dificultades no se han terminado. No obstante, tienen buena vejez.
Si tuviéramos que seguir una norma de conducta para asegurar una
buena vida, incluyendo una buena vejez, yo diría lo siguiente:
- Realice actividades físicas
diariamente.
- No tome los problemas tan en
serio.
Bien dice la Biblia: “Por eso les digo: No se preocupen por
su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán.
¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la
ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni
almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta.
¿No valen ustedes mucho más que ellas? ¿Quién de ustedes, por
mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su
vida?” Mateo 6:25-27 (NVI).
Así
que la preocupación no es buena. Es mejor la ocupación. No nos
angustiemos, pues, por las noticias acerca de la “gran” crisis
que nos invade. Hagamos lo correcto y el pan nunca faltará en la
mesa
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